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Reflexión sobre la violencia doméstica y laboral de trabajadoras de maquiladoras, Coahuila


https://caminominga.com/2020/08/07/translation-of-article-about-domestic-and-workplace-violence-in-maquiladoras-cfo/


Por: Maria Elena Martinez, M.Sc. Psicología; Sacramento, California

El trabajo de igualdad de género es central para la construcción de una cultura de derechos humanos, para romper los estereotipos y lograr la formación de una cultura sana y equitativa

La cultura vista como factor interfuncional en las dinámicas del establecimiento de las relaciones personales, creencias, comportamientos y valores que llevan consigo cada persona a la relación de pareja sirve de contexto para la experiencia que aquí se presenta.  Las raíces del problema de la violencia doméstica y por ende de la violencia laboral son parte de la cultura y la sociedad. La violencia doméstica tiene serios efectos en la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo y en su productividad, lo cual es más grave si se considera la violencia generalizada que afecta a las mujeres de los estratos más pobres de la población, en los cuales la necesidad de generar ingresos es vital para la subsistencia familiar. Esto lleva a la experiencia y observaciones realizadas recientemente a partir de haber participado en una delegación que permitió la visita tanto a Austin, Texas, USA, como a Piedras Negras, Coahuila, México, zona fronteriza marcada por la invasión de grandes empresas transnacionales conocidas como maquiladoras.

Se organizó el viaje a través de la coordinación y facilitación de las organizaciones, Austin Tan Cerca de la Frontera (ATCF) y Comité Fronterizo de Obreros (CFO), ejes en la colaboración entre las dos zonas fronterizas para el beneficio de les trabajadores de las maquiladoras. Estás organizaciones laboran en aras de hacer un llamado a la concientización y apoyo a les trabajadores y de les migrantes, la protección de los derechos civiles y humanos, y contribuir al desarrollo de solidaridad entre ellas.

La zona fronteriza es un área apartada, una zona olvidada, a donde llegan personas cuya expectativa es la búsqueda de sobrevivencia, poder trabajar y cubrir sus necesidades básicas y de los suyos. Debido a las maquiladoras estratégicamente construidas en un área en donde es más barata la mano de obra y la adquisición de terreno, brinda una oportunidad de empleo a la población que por la cercanía con Estados Unidos se hace conveniente establecerse en la frontera. Las mujeres en la zona fronteriza no tienen muchas oportunidades de estudiar ni de obtener una carrera académica, y representan mano de obra barata para las maquiladoras.

En las ciudades de Allende y Piedras Negras, Coahuila, existe un ecosistema construido en función exclusivamente para la producción de productos de exportación. Entre ellos se encuentran la fabricación de las diferentes partes y materiales para el ensamblaje de carros, para lo cual existen las diferentes compañías que manejan las maquilas en esa zona. Durante esas labores de ensamblaje abiertamente ocurre el acoso y abuso sexual en el área laboral, durante las labores que son compartidas con personas del sexo opuesto. Explicado por una de las trabajadoras, mientras están construyendo arneses, paradas, en rotación y en posiciones vulnerables, sosteniendo los equipos que ensamblan, los hombres pasan rozándoles sus cuerpos por detrás, enfrente, por todos lados, sin que las mujeres puedan defenderse. Si ponen denuncia están en peligro de ser discriminadas.

La vida de estas mujeres transcurre entre esas estructuras de metal, ahí se esconden mil y más abusos de las personas que son más vulnerables. Sus vidas giran alrededor de esas maquiladoras, sus casas para una gran cantidad de trabajadores están próximas a esas grandes estructuras. Una vez más están siendo robados de sus riquezas, su fuerza laboral a cambio de unos cuantos pesos, no suficientes para cubrir sus necesidades básicas.

Teniendo conocimiento sobre la problemática del tráfico humano, considerada como una forma de esclavitud moderna, es muy difícil no comparar la realidad de las y los obreros de la frontera en México con una forma moderna de esclavitud. La diferencia es que esta forma, por medio de las factorías y maquiladoras, es una esclavitud legalizada. Las y los trabajadores están sometidos a trabajar largos periodos, en condiciones no saludables, y bajo la presión de producir una cuota de mercadería, diariamente. Con un sueldo que no logra cubrir el pago de sus necesidades básicas, la mayoría de les trabajadores realizan otras tareas o negocios informales, tales como la limpieza de casas,  venta de comida, compra y reventa de varios artículos, para obtener un mayor ingreso que les permita solventar sus gastos.

Las mujeres en el área fronteriza, mujeres fuertes y luchadoras yendo a su trabajo diariamente a pesar del tiempo, el maltrato y de las enfermedades, hacen frente a las adversidades dentro del contexto de opresión en el que se ven obligadas a trabajar. Algunas de ellas han tenido la oportunidad de participar en un programa de Género y Empoderamiento para Mujeres en Acción (GEMA), con un enfoque en el entrenamiento de los derechos de les trabajadores, género y violencia. El programa de GEMA es un ejemplo de la efectividad que tiene el trabajo grupal entre mujeres, como un instrumento de lucha para combatir la violencia doméstica y laboral. 

Ese proceso participativo ha permitido que dichas mujeres trabajadoras en las maquiladoras tengan un desarrollo introspectivo que les ha llevado al mejoramiento en sus capacidades para establecer relaciones saludables tanto interpersonales como consigo mismas, aportando un valioso crecimiento como seres humanos, como también el desarrollo de liderazgo y atención a reportar los abusos que se dan en el ámbito laboral.

El programa GEMA que imparte el CFO es de gran importancia en cuanto a la reproducción de este y la incidencia en la educación y la construcción de una cultura de apoyo, que pudieran ser clave en el trabajo por una vida libre de violencia doméstica como también laboral.

Esto lleva al análisis de la dinámica de poder en el área laboral en donde a pesar del reconocimiento de la necesidad de igualdad de derechos, hay una gran brecha entre la realidad que viven las mujeres que constantemente sufren acoso laboral, y sexual, con la aplicación y cumplimiento de esos derechos. Actualmente los derechos de les trabajadores están siendo violentados a otro nivel debido a la nueva realidad que se vive por la aparición del coronavirus. Durante la pandemia, se experimenta un aumento de abusos laborales, explotación de la mano de obra y la falta de cuidados preventivos para la protección de les trabajadores que se ven obligados a continuar trabajando a pesar de que sus trabajos no son los declarados como esenciales.

Actualmente, reporta el CFO que las maquiladoras han reducido el salario en un 50% a sus trabajadores, aumentando así la gravedad de la ya precaria situación económica. La profundidad del problema de las relaciones de poder se concretiza en la dinámica de control del más fuerte sobre el débil, la persona victimizada vive subordinada a las demandas de la persona ejerciendo la agresión, sea esta su compañero de vida, jefe en el trabajo o la compañía transnacional, siendo afectada la mujer en su mayoría.

Se instala una serie de problemas enraizados en la explotación, robando la voz de la gente que a diario está en riesgo y las consecuencias de la presión constante de realizar el trabajo esperado son inevitablemente psicosociales. Las problemáticas que se desencadenan por los diferentes estresores a los que están expuestas estas dignas trabajadoras, fueron las expresadas por algunas de las trabajadoras obreras que compartieron sus historias. Entre ellas están, principalmente, el abuso laboral, económico y mental, el acoso sexual en el área de trabajo, la violencia intrafamiliar y de pareja, y las discapacidades físicas que resultan por tantos años realizando las mismas tareas. Les trabajadores reconocen la gravedad de la problemática de la violencia doméstica y el efecto en ellas, al igual de como esta se interrelaciona con la continuidad de la violencia laboral. 

La relación de la salud con la violencia es mucho más que el registro de eventos, de acuerdo con Fournier, Ríos, y Orpinas. Citados en, del Valle, Palú, Plasencia, Orozco, & Álvarez (2008). La violencia implica en sí misma una amenaza o negación de las condiciones o posibilidad de realización de la vida y la propia supervivencia, con la necesidad eminente de proveer atención a las personas victimizadas. 

En cuanto a los  efectos psicológicos en víctimas de la violencia doméstica resalta que la depresión es una de las afectaciones más frecuentes de las víctimas de abuso (Bryer, Nelson, Miller, & Krol, 1987), siendo el Trastorno de estrés postraumático (TEPT) el trastorno más frecuentemente desarrollado por las víctimas de la violencia doméstica (Aguirre, Cova, Domarchi, Garrido, Mundaca, Rincón, Troncoso, y Vidal, 2010). En el caso de las trabajadoras del área fronteriza, a estos datos se suma la violencia laboral que experimentan dentro del sistema competitivo que estimula la producción más efectiva, una presión diaria de producir al máximo, que exhausta y debilita tanto su capacidad física como mental. Este factor está robándoles su longevidad como también su salud. Las expectativas de vida están siendo reducidas como también su subsistencia.

Las mujeres golpeadas van a sus trabajos con sus moretones evidentes, contó una de las trabajadoras, siendo la violencia como el pan de cada día. En esa zona la ayuda que existe para la mujer violentada es la ayuda legal y psicológica contó una de las trabajadoras, esa ayuda es limitada y se da cuando ya la mujer ha sido agredida gravemente. No se da la ayuda preventiva. Desde la perspectiva de la salud, la problemática de la violencia en la pareja es un factor de alto riesgo, lo que hace necesario el aumentar y mejorar la atención a las víctimas.

Las estructuras culturales de la sociedad actual, la marginalización y aislamiento de las familias son algunos de los grandes obstáculos a la ayuda comunitaria y la formación de una comunidad de apoyo mutuo para prevención de la violencia doméstica y laboral en el área de la frontera.

Partiendo de la experiencia positiva que el CFO ha tenido con el desarrollo del programa GEMA y del trabajo realizado con mujeres en otros países donde también las mujeres sufren de la violencia doméstica y la inseguridad económica, en las cuales se estableció que una de las formas psicoterapéuticas más efectivas trabajando con víctimas de violencia doméstica, fue la construcción de una cultura grupal de solidaridad, ayuda mutua y concientización sobre sus derechos como persona y pareja. El modelo se organiza con la utilización de varias estrategias incluyendo un espacio seguro para activamente escucharlas, aprender sobre sus necesidades, y, a la vez, apoyar a las mujeres a reconocer sus fortalezas. La formación de grupos de apoyo es una manera muy concreta para mejorar la salud y las condiciones de vida de las mujeres en la zona fronteriza. 

Para favorecer a les trabajadores y seguir construyendo encima de los exitos del programa GEMA, a través del trabajo de prevención de la violencia doméstica y laboral, se proponen tres líneas de acción para ser implementadas por el liderazgo e involucramiento del CFO: 

  • La educación y métodos de difusión de la información desde la edad escolar primaria hasta la adultez para que los niños y niñas, hombres y mujeres sean portadoras de las relaciones saludables.

  • La formación de espacios seguros de empoderamiento donde las personas puedan procesar sus traumas con el apoyo de otras personas solidarias y de profesionales capacitadas en ayudarles a ejercer sus derechos como persona y en la pareja.

  • La solidaridad internacional con los procesos organizativos y lucha reivindicativa del CFO.

Referencia

del Valle, J., Palú, A., Plasencia, C., Orozco, M., & Álvarez, O. (2008). Modificación de conocimientos de los integrantes del sector sanitario del municipio “Julio Antonio Mella” sobre violencia intrafamiliar contra la mujer. MEDISAN, 12 (2). Santiago de Cuba. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=368445247002

Bryer, J. B., Nelson, B. A., Miller, J. B., & Krol, P. A. (1987) Childhood Sexual and Physical Abuse as Factors in Adults Psychiatric Illness. Am. J. Psychiatry,144:11, Nov.

Aguirre, P., Cova, F., Domarchi, M., Garrido, C., Mundaca, I., Rincón, P., Troncoso, P., y Vidal, P. (2010). Estrés postraumático en mujeres víctimas de violencia doméstica. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 48(2), 114-122. https://dx.doi.org/10.4067/ S0717-92272010000300004



ENGLISH VERSION

Reflections on domestic and workplace violence that women workers experience in the maquiladoras in the Coahuila border zone

Work on gender equality is central to building a human rights culture, to breaking stereotypes, and to reach a healthy and equitable culture.

Framing culture as a cross-functional factor in the dynamics of establishing personal relationships, beliefs, behaviors, and values that each person brings to a relationship serves as a context for the experience presented here. The roots of domestic violence, and thus of workplace violence, are part of our culture and society. Domestic violence has serious effects on women’s entry into the labor market and on their productivity, which is even more important if we consider the generalized violence that affects women from the poorest sectors of the population, in which the need to generate income is vital to family subsistence. This informs the experience and recent observations from my participation in a delegation that allowed me to visit both Austin, Texas (USA), and Piedras Negras, Coahuila, Mexico, a border zone marked by the invasion of giant transnational corporations known as maquiladoras.

Austin Tan Cerca de la Frontera (ACTF) and the Comité Fronterizo de Obreros (CFO), both of which collaborate between the two border zones to benefit maquiladora workers,1 coordinated and facilitated the trip. These organizations call for consciousness-building and support for and amongst workers and migrants, protecting civil and human rights, and contributing to developing solidarity between zones.

The border zone is remote, forgotten, a place where people arrive and hope to find ways of survival, to be able to work, and to meet their and their family’s basic needs. Due to maquiladoras being strategically built in an area where labor and land acquisition are cheaper, employment opportunities, and proximity to the United States, make it suitable for people to settle in the border zone. Women in the border zone do not have many opportunities to study or continue into the university, and they represent cheap labor for the maquiladoras.

In Allende and Piedras Negras, Coahuila, there is an ecosystem that functions exclusively to produce goods for export. One of these goods is the production of different parts and materials for automobile assembly, of which there are various companies that manage the maquilas in this area. During this assembly work, sexual harassment and abuse occur openly in the work place during work that is shared with people of the opposite sex. As explained by one of the women workers, while they are constructing harnesses, standing, moving around and in vulnerable positions holding the pieces they are assembling, men pass by, brushing their bodies from behind, from the front, and from all sides. Women are unable to defend themselves. If they report this behavior, they run the risk of being discriminated against. 

These women’s lives happen within these metal structures, where a thousand or more abuses of the most vulnerable people are hidden. Their lives revolve around these maquilas, a large majority of workers’ homes are close to these huge structures. Once more they are being robbed of their resources, their labor in exchange for a few pesos,2 which are insufficient for their basic needs.

Knowing about human trafficking, which has been considered a form of modern enslavement, it is difficult not to think about the reality of the workers at the border in Mexico as a modern form of enslavement. The difference is that this format, through the factories and the maquiladoras, is a legalized enslavement. Daily, workers are obligated to work long periods, in unhealthy conditions, and under the pressure of meeting a certain quota of product. Since their wages do not cover the costs of their basic needs, the majority of the workers undertake informal business arrangements, such as house cleaning, making and selling meals, and buying and selling various items to increase their income and be able to cover their expenses.

Women in the border zone, women who are strong and fighters, who go to their work daily in spite of the weather, the harassment, and the illnesses, deal with the adversities within the oppressive context in which they are forced to work. Some of them have been able to participate in the GEMA (Gender and Empowerment for Women in Action) program, which focuses on worker’s rights, gender, and violence. GEMA is an example of the effectiveness of group work amongst women as a tool in the struggle against domestic and work place violence.

This participatory process has allowed women workers in maquiladoras to undergo an introspective development that has improved their capacity to establish health relationships, both interpersonal and with themselves, contributing to their growth as human beings, as well as leadership development and attention to reporting abuses in the workplace.

The GEMA program, as offered by the CFO, is important to the organization’s reproduction. It is also important in educating and constructing a supportive culture, which could be key to working toward a life free of domestic violence, as well as workplace violence.

We need to analyze then, the power dynamics in the workplace where despite the recognition of the need for equal rights, there is a huge gap between the reality that women experience as they constantly suffer from sexual and labor harassment and the application and compliance of these rights. Currently, workers’ rights are being violated at another level due to the new reality we live in because of Coronavirus. During the pandemic, there has been an increase of workplace abuses, worker exploitation, and lack of preventive care to protect workers for whom it continues to be necessary to work despite the fact that their jobs have not been declared essential.

In this moment, the CFO has reported that maquiladoras have reduced the salaries of workers by 50%, increasing the severity of an already precarious economic situation. The issue of power relations runs deep and is embodied in the dynamics of control of the strong over the weak. The person being victimized lives subordinated to the demands of the person acting out the aggression, whether this person is their partner, their boss at their workplace, or the transnational company. Mostly, it is women who are being affected.

A series of problems rooted in exploitation take hold, robbing the voices of the people who are at risk daily. The consequences of the constant pressure to perform the expected labor are inevitably psychosocial. From some of the women workers that shared their stories, we heard of the problems that arise due to the various stress factors faced by these dignified women workers. Amongst these are primarily, workplace, economic, and mental abuse, sexual harassment in the workplace, intrafamily and intimate partner violence, and the physical disabilities resulting from so many years of repetitive tasks at work. The workers recognize the seriousness of domestic violence and the effect it has on them, as well as the how this violence is related to continuing workplace violence.

According to Fournier, Ríos, y Orpinas, cited in del Valle, Palú, Plasencia, Orozco, & Álvarez (2008), the relationship of health with violence is much more than recording events. Violence itself implies a threat or a negation of the conditions or possibilities of life and their own survival, with the eminent need to provide care to victimized people.

As far as the psychological effects on victims of domestic violence, depression is one of the most prevalent clinical presentations in victims of abuse (Bryer, Nelson, Miller, & Krol, 1987), and especially forms of post-traumatic stress disorder (PTSD), frequently experienced by victims of domestic violence (Aguirre, Cova, Domarchi, Garrido, Mundaca, Rincón, Troncoso, y Vidal, 2010). In the case of women workers in the border area, we need to add the workplace violence they experience within the competitive system that stimulates the efficiency of production – the daily pressure of maximum production—which exhausts and debilitates their mental and physical capabilities. This factor is stripping them of their time on earth as well as their health. Their life expectancy is being reduced along with their subsistence.

Women who are beaten go to work with obvious bruises, one of the workers mentioned, and violence is part of their day to day. In this area, as one of the women workers told us, the support for battered women is psychological and legal support when the woman has already been seriously assaulted. There is no preventative support. From a health perspective, the issue of partner violence is a high risk factor, which means it is necessary to increase and improve care for victims.

Contemporary society’s cultural structures, marginalization, and isolation of families are some of the huge obstacles to community support and the formation of a mutual aid group to prevent domestic and workplace violence at the border.

The CFO’s positive experience in developing the GEMA program and the work done with women in other countries where women also face domestic violence and economic insecurity, helped established that one of the most effective psychotherapeutic forms of working with victims of domestic violence was to construct a group culture of solidarity, mutual aid, and consciousness-building about their rights as people and in relationships. This model is organized by using various strategies, including having a safe space for actively listening to women, learning about their needs, and simultaneously, supporting women as they learn their own strengths. Forming support groups is a very concrete way of improving the health and life conditions of women in the border zone.

To benefit the women workers and continue to build on the success of the GEMA program’s work on the prevention of domestic and workplace violence, I propose three points of action that could be implemented by the CFO leadership and membership:

*Education and methods of disseminating information from elementary school age until adulthood for girls and boys, and women and men to be knowledgeable about healthy relationships.

*Creating safe spaces for empowerment where people can process their traumas with the support of others in solidarity and trained professionals to help them exercise their rights as a person and in the partnership.

*International solidarity with the CFO’s organizational processes and their struggle for demands.

Maria Elena Martinez, M.Sc. Psychology

Referencia

del Valle, J., Palú, A., Plasencia, C., Orozco, M., & Álvarez, O. (2008). Modificación de conocimientos de los integrantes del sector sanitario del municipio “Julio Antonio Mella” sobre violencia intrafamiliar contra la mujer. MEDISAN, 12 (2). Santiago de Cuba. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=368445247002

Bryer, J. B., Nelson, B. A., Miller, J. B., & Krol, P. A. (1987) Childhood Sexual and Physical Abuse as Factors in Adults Psychiatric Illness. Am. J. Psychiatry,144:11, Nov.

Aguirre, P., Cova, F., Domarchi, M., Garrido, C., Mundaca, I., Rincón, P., Troncoso, P., y Vidal, P. (2010). Estrés postraumático en mujeres víctimas de violencia doméstica. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 48(2), 114-122. https://dx.doi.org/10.4067/ S0717-92272010000300004

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In addition to the proximity to the United States, maquiladoras are strategically built in an area where labor and land acquisition are cheaper, and the proximity to the United States 

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