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MUJERES RURALES, LAS MÁS VULNERABLES ANTE MEDIDAS AGRESIVAS PARA ENFRENTAR EL COVID19- EL SALVADOR


Elaborado por Deisy Mejía Martínez Coordinadora de Proyecto  CRIPDES Cripdes.net 



Translations/tradução aquí:

Las comunidades rurales de El Salvador se han organizado con un protagonismo determinante de las mujeres. La Asociación para el Desarrollo de El Salvador (CRIPDES) ha acompañado esta lucha reivindicativa por más de 35 años. 


CRIPDES es una organización de base que nació en medio del conflicto armado salvadoreño. Su propósito principal es impulsar la organización de la población rural y desarrollar incidencia en políticas públicas para mejorar la calidad de vida de la población. Uno de los trabajos fundamentales que realiza CRIPDES es el trabajo por la igualdad y equidad de género, un enfoque trasversal en la institución y en el trabajo de base que se realiza en las más de 300 comunidades rurales, de seis departamentos de El Salvador. Dentro de los avances más notables del trabajo de CRIPDES está el empoderamiento de las mujeres rurales y su autonomía económica; sin embargo, las medidas represivas del gobierno para combatir el COVID-19 están socavando dicho avance.


El trabajo que ha ayudado a fortalecer el empoderamiento y el aumento de capacidades de muchas mujeres rurales ha sido la creación de grupos de ahorros comunitarios integrados por mujeres. En la región sur del departamento de La Libertad se han 4 creado redes de grupos de ahorro de 7 municipios, compuesta por 49 grupos de ahorro, que hacen un total de 1,303 mujeres organizadas. 


CRIPDES brinda acompañamiento a los grupos de ahorro, impartiendo jornadas formativas sobre Género, derechos de las mujeres, violencias hacia las mujeres, y el marco jurídico que las protege; también se les imparte temas de incidencia que promueven su participación en espacios de toma de decisiones.


En marzo, el gobierno salvadoreño decretó estado de emergencia y de excepción, manteniendo a toda la población en cuarentena domiciliar, como se ha hecho en muchos países del mundo debido al tan temido COVID-19. Al analizar esta situación y desde una perspectiva de género, se observa que las mujeres siempre son las más afectadas, sobre todo las mujeres más empobrecidas que viven del día a día o en zonas rurales, donde acceder a bienes y servicios de primera necesidad ya es difícil de por sí. 


La pandemia ha visibilizado un alza en los casos de violencias contra las mujeres. Cifras del Instituto Nacional de la Mujer (ISDEMU) y la organización de mujeres (ORMUSA) visualizan que la violencia hacia las mujeres ha incrementado en un 70% durante la cuarentena, y es que la mayoría de los agresores siempre son las parejas, esposos, compañeros de vida. El encierro con los agresores es un detonante que aumenta las diferentes violencias. A esto se suma el acoso por parte de algunos elementos de la Policía Nacional Civil (PNC) y militares, quienes por muchos años han sido identificados como acosadores. Estos se desplazan a las comunidades rurales y empobrecidas del país, dejando una brecha para abusos de poder en esas zonas. La poca movilización de las personas en las calles de las comunidades crea oportunidades para abusar sexualmente de mujeres o, en el peor de los casos, que ocurra un feminicidio como el de una joven de la zona rural de Carasque, un cantón de Nueva Trinidad, Chalatenango. Esto ocurrió cuando la joven se movilizaba desde su trabajo hacia su casa.


Por otra parte, a las mujeres se les ha incrementado el trabajo en casa. Debido a la cultura machista, heredera del sistema patriarcal, la mayoría de hombres no se incorporan ni colaboran en las tareas del hogar o del cuido. Son las mujeres quienes se encargan de todo el trabajo de casa, del cuido de niños y personas mayores; además, con las clases presenciales suspendidas, también deben convertirse en maestras y estar pendientes de las tareas y el año escolar. En muchos casos, también se ven obligadas a atender al marido.

Las mujeres que han sido formadas en los grupos de ahorro y que se han mantenido funcionales durante años han sido afectadas grandemente por todo lo mencionado. Pero, además, debido a esta pandemia y al estado de emergencia, han visto limitada su capacidad para reunirse para hacer sus ahorros y préstamos, ya que la mayoría de grupos están conformados por 15 o hasta más de 50 mujeres. Al no poder ahorrar, estas mujeres no contarán con un fondo para hacer préstamos y comprar alimentos, medicamentos, abonos para sus cultivos o comida para pollos. Algunos grupos también están pensando en cerrar su ciclo de funcionamiento ya que el gobierno no ha dado a conocer ningún plan para reactivar la economía del país, limitando así sus estrategias para mantener sus fuentes de ingreso. Por lo que, una vez la cuarentena termine y si sus esposos o ellas no han podido ir a vender o trabajar, tampoco tendrán un ingreso para ahorrar y mantener a sus familias. 


Dado que las mujeres se han quedado sin este espacio que, además de permitirles ahorrar, era un espacio para compartir y hablar de diferentes situaciones como sus derechos, situaciones familiares, la escuela etc., CRIPDES interactúa con ellas a través de llamadas o vía WhatsApp. En este espacio se está monitoreando si en algunas comunidades atendidas se está dando algún tipo de violencias o si conocen a alguien que este en esa situación, para poder derivarla a instituciones que le den un acompañamiento psicológico y jurídico. Este espacio virtual también permite proporcionar información acerca de las medidas represivas y de restricción que el gobierno decreta por la pandemia. Tal es el caso de la cancelación de la entrega del paquete agrícola que cada año se les proporciona a las familias de zonas rurales para cultivar. Esto debido al nuevo decreto que prohíbe el transporte público y limita la movilidad de las personas hasta en taxi o uber. Sin este paquete, las familias no podrán cultivar durante las primeras tormentas del invierno. CRIPDES ha logrado identificar a mujeres en situaciones más vulnerables para poder proporcionarles un paquete alimenticio y garantizar que la entrega sea directa. La situación es difícil, pero se busca siempre apoyar y facilitar su situación durante la pandemia. Mantener la comunicación con ellas es prioridad. 

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